Paula Anta trabaja en series a partir de argumentos que luego desarrolla in situ, en la mayoría de las ocasiones, a modo escenificaciones que, de forma instalativa, construyen la imagen final. La relación entre la naturaleza y la artificialidad unida a las estructuras creadas por el hombre, la historia y el viaje configuran el camino de su obra pero principalmente se podría señalar, que la línea conceptual del trabajo de Anta se centra en mostrar el significado de cada paisaje como un hecho cultural en sí mismo.

En el Gabinete de Resistencia presenta dos piezas de la serie Kanzel. Kanzel significa caseta de aguardo en alemán, casetas construidas para la caza, comparables a una cámara oscura, una ventana desde la que observar, esperar, mirar; suelen estar situadas en función de los elementos de la naturaleza que la rodean, se tienen en cuenta el recorrido de los animales, sus escondites, sus camino, sus lugares de comida, de sueño, de descanso y también la densidad de los árboles, el fluir del viento, los ríos, los valles…

En Kanzeln, se establece un recorrido desde las 21 casetas que se ubican como pequeños puntos anclados en el paisaje, registrando el terreno de un lugar a partir de tres naturalezas distintas: el campo, el borde del bosque y el bosque. Una especie de topografía del terreno a través de esos puntos de observación. Pero ese recorrido tiene un fin muy concreto; las casetas están situadas en puntos estratégicos según una finalidad: ver y no ser vistos.

De esta manera, se establece un recorrido metódico de todas las casetas ubicadas en el paisaje dentro de un coto de caza en la región de Westerwald (Alemania), observándolas desde fuera, pasando tiempo en el interior, ante un paisaje poderoso, bello, silencioso, en una soledad que propicia el encuentro con nosotros mismos y nos lleva a una reflexión sobre la vida y la muerte, sobre la belleza y la violencia, sobre nuestra relación con la naturaleza y con los animales. En palabras de la propia artista:

Quizá la imagen fotográfica nos acerque con más facilidad a la identificación de la apariencia de las cosas, aunque nunca hayamos habitado esos lugares. Hoy en día es un lenguaje más cercano a nosotros pese a que no sepamos abarcar la complejidad de su naturaleza. Por eso es importante la labor del artista. El arte tiene la función de sensibilizar pero al mismo tiempo es un acto social por el mero hecho de ser algo compartido. Y en ese compartir, nos adentramos en todas las opciones vinculadas a la observación y al ser interior de cada artista. Caminamos por un universo que proviene de un vínculo hacia lo interior y cuando nos identificamos, cuando durante un segundo de percepción directa nos relacionamos con un todo, simplemente nos damos cuenta y “vemos” más allá.

Paula Anta