Hace seis años crucé por primera vez la puerta que da acceso al cementerio de Père Lachaise de París. Descubrí una ciudad dentro de otra, o una sucesión de ciudades superpuestas que podrían encontrar fácil acomodo entre las que describió Italo Calvino en “Las Ciudades Invisibles”.

Estaba ante una ciudad escondida, que por su extensión por momentos parecía continua. Y sutil, semántica y visual. Una ciudad de recuerdos, que despierta el deseo y, por supuesto, que rememora la muerte. Una inmensa maqueta, un parque temático de la arquitectura del XIX que se ha mantenido ajeno a la especulación inmobiliaria y a los cambios de gusto de cada época, una ciudad, pero también su simulacro. Un sitio ideal para mirar hacia el pasado y ver el futuro, buscar el paraíso y encontrarse con el infierno. O al revés. Un punto de partida para hablar del vacío, del horror vacui, de fantasmas y de la memoria.

“Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio” (Las Ciudades Invisibles, Italo Calvino)

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. Taller con el artista John Armleder.

Entre las exposiciones recientes que ha realizado hay que destacar las individuales “Père-Lachaise”, en el Colegio de España de París; “Al fin una casa”, en el Centro Cultural Pérez de la Riva de Las Rozas; “Migraciones”, en el Centro Cultural Moncloa de Madrid y “Ciudad Invisible”, en el Centro de arte Tomás y Valiente de Fuenlabrada. Y entre las colectivas, “Pintura 9X2”, en el Instituto Cervantes de Casablanca; la muestra internacional de fotografía “Olhares de futuro” en Castelo Branco o la Exposición Internacional de Artes Plásticas de Valdepeñas.

Paco Díaz