Desde hace años realizo cuadros, dibujos y fotografías en donde el paisaje y la arquitectura son el medio para hablar de la necesidad de encontrar un lugar en el mundo, un territorio a perpetuidad; o de nuestro afán por trascender, de salir fuera de nuestros límites y conquistar aquello  que no alcanzamos a ver desde nuestra posición de partida; o del miedo a lo desconocido cuando cruzamos la frontera del hogar.

Creo imágenes de dos tipos: las que tienen el afán de desconcertar porque lo que muestran podría ser real, y luego, las que hasta un niño puede ver como algo falso, un artificio contextual que forma parte de un mundo paralelo con sus propias reglas. Algo no muy lejano a los frescos de las bóvedas barrocas, cuyo objetivo era hacer creíble lo imposible, el paraíso.

En el II Gabinete de Resistencia, el artista Paco Díaz presenta una selección de una de sus más recientes series, Reposo. Este trabajo se inició cuando Díaz estaba dirigiendo un curso sobre historia del mueble que incluía visitas a distintos museos de Madrid. Empezó a interesarse especialmente por algunos diseños de asientos, fotografiándolos y reflexionando sobre los anteriores y los nuevos usos que se les otorga al ser musealizados. En las pinturas, el artista extrae estos objetos y los sitúa en uno de sus espacios predilectos, los cementerios parisinos. Con este desplazamiento, Díaz crea tensiones y relaciones inesperadas, juegos de texturas y colores.

Objetos que pueden decir algo o mucho de sus antiguos propietarios, de los que los utilizaron y a través de los cuales se podría reconstruir algo de ellos, como si se tratase de muestras de ADN del difunto. Una forma de resurrección. Ahora recupero alguno de esos asientos y otros, que por algún motivo me parecen atractivos, y los ubico en un entorno con el que me siento especialmente cómodo: los cementerios parisinos de Père-Lachaise y de Montparnasse.

Me gustan los cementerios históricos. Al pasearme entre lápidas, cruces y monumentos funerarios, tengo la sensación de estar en un parque temático de la arquitectura del XIX. Una arquitectura que a su vez es una sucesión de interpretaciones de los estilos históricos. Cementerios cuajados de construcciones a escala, proyectadas y realizadas para perdurar. Arquitecturas aderezadas con una vegetación que ayuda a crear una imagen evocadora y que va erosionándose gracias a los agentes atmosféricos.

Un viaje en el tiempo, a un pasado que quizás no se exactamente el nuestro, pero con el que podemos identificarnos y entonces, ver esos muebles con otra mirada, como si la ficción los hubiese transformado en algo más sugerente, más cercano.

Paco Díaz