Las Puertas del Paraíso, 2018

Óleo sobre plancha de metal

Hace un par de años por motivos que no vienen al caso me puse a pensar en Adán y Eva. Eva se atreve a comer del árbol del conocimiento y hace de la especie humana lo que es. Me pareció muy sugerente.

También en el Poema de Gilgamesh sumerio se encuentra la misma idea. Una hieródula seduce por encargo a Enkidu, el salvaje que hablaba con los animales. Después de esta seducción los animales dejan de hablarle y ella le lleva a la ciudad.

Me llamó la atención esa reflexión  de las civilizaciones antiguas. Hubo un estado anterior distinto en el que éramos más como el resto de los animales que luego cambió, un protodarwinismo. Y las hembras son las responsables. Supongo que es perfectamente justificable achacarles esa responsabilidad. Necesitan conseguir que los machos se queden con ellas y de alguna manera se civilicen para poder sacar adelante a sus crías. Pero de esa posible reflexión de causas y efectos ellos hicieron algo mucho más poético que un simple enunciado. Desgraciadamente también ocurrió que esa responsabilidad les permitía achacarles a las hembras todos los males y justificar así su difícilmente justificable sometimiento, pero esa es otra historia.

Hice varias obras al respecto y esta de Las puertas del cielo es una más.

Marta Barrenechea