A menudo me suelen preguntar por las grietas y las texturas en mi fotografía. Solo alcanzo a pensar en las tardes de verano que durante mi infancia pase en La Mancha. Mis padres se afanaban en seguir encalando las paredes mediante una superposición de capas sobre lo ya encalado. Como sedimentos de mi propia memoria, estas texturas se han ido fijando en mí, hasta dejar un poso tenue de memoria de lo vivido.

Soy un artista que proviene del mundo de la pintura, una pintura cargada de materia e influenciada por las tendencias expresionistas de los 80. Con la entrada del nuevo milenio decido hacer un corte en mi manera de entender el arte y doy un giro de 180 grados. Para volcarme hacia las nuevas tecnologías. Es la oportunidad de poder experimentar con la fotografía digital como si de pintura se tratara.

Huyo de los convencionalismos del paisaje en la fotografía del siglo XXI y comienzo una búsqueda de la esencia en las fotografías que tomo, estas pasan a ser un reposo mental y una confluencia de ideas de un paisaje que no existe. Acerco más mi obra al concepto poético de la imagen e intento rescatar del olvido los paisajes de suburbio que habitan en nuestras capitales. Es en este medio donde mejor se desarrolla mi obra.

Para la segunda edición del Gabinete de Resistencia, López Moral presenta una selección de su reciente serie Black Landscapes, un trabajo que el artista presenta del siguiente modo:

En esta última serie que presento en Gabinete de resistencia retorno de nuevo al bosque como elemento más puro del paisaje. Son piezas pequeñas, más íntimas donde la gama cromática es más reducida siendo esta casi monocromática. Paisajes densos y oscuros donde me planteo la relación del ser humano con la naturaleza. Sabedor de que estamos colapsando el entorno natural, estas piezas son cápsulas del tiempo y parte de mi memoria residual. Visiones más o menos apocalípticas cargadas de poesía donde el bosque se hace íntimo.

López Moral