Jorge Fin presenta en la segunda edición del Gabinete de Resistencia dos de sus últimas piezas más recientes. Se trata de dos obras que giran en torno a la exposición «Walden: Manual para echarse al monte» (Palacio Almudí de Murcia, 2018) y la instalación permanente «Voladores de cometas» (23º aniversario de la Galería Max Estrella, El Escorial, 2017).

Desde  hace unos años investigo con materiales cerámicos y azulejos. En algunos casos utilizo las técnicas tradicionales de pintura cerámica, aplicando la técnica del tercer fuego, como en mi pieza No desees todo lo que ves, con la que fui seleccionado entre los finalistas del PREMIO BMW DE PINTURA 2017. En otros casos he tenido que hacer una intervención mural sobre una pared ya instalada de azulejos pero, al hacerse imposible su desmantelamiento para su posterior cocción, he recurrido a otra línea de investigación basada en la aplicación de una imprimación sobre la pared de azulejos, a fin de poder realizar un dibujo con rotulador permanente, y aplicación de barniz o material fijante posterior que asegure la durabilidad de la obra.

Posteriormente, he trabajado en un desarrollo de esta misma técnica para formar piezas de un número variable de azulejos pero que pudiese poner y quitar de la pared, no fijando los azulejos con adhesivos o cemento sino con un sistema que me permite sucesivas instalaciones efímeras y diseñé una malla de piezas de velcro de alta fijación. Con este sistema, dediqué a Thoreau y su libro Walden o vida en los bosques mi exposición “Walden. Manual para echarse al monte” en el Palacio Almudí de Murcia: 1600 azulejos imprimados y dibujados con rotulador instalados sobre un ejército de piezas de velcro.

En relación con la pintura Gregorio Samsa se toma el día libre, Jorge Fin relata que es «mi petición de liberación del pobre protagonista de la Metamorfosis de Kafka, que en el libro acaba de la peor manera. Este asunto nos permiten insistir en el estudio detallado de la pradera, como aquellos que empezaron a hacerse en el Renacimiento, siempre como una excusa aparentemente insustancial dentro de una gran escena; Gentile da Fabriano, Fra Angelico, Botticelli… hasta Durero, el primero en analizar la pradera específicamente sin ser parte de otra obra. De vez en cuando algún francotirador se adentra por estos caminos, como lo hizo el inglés Francis Bacon. Ahora retomo estos estudios a partir de los que comencé sobre azulejos en la reciente exposición dedicada a Thoreau y Walden».

Jorge Fin