Artista, profesor universitario y comisario. Su obra, con un marcado carácter político y social, parte de procesos que se vinculan a los contextos, activando reflexiones y expresándose a través de instalaciones, nuevos medios, fotografía, dibujo, arte de acción o cualquier recurso preciso incluso despojado de toda fisicidad. La génesis de su desarrollo artístico, unido íntimamente con su compromiso humano, su activismo social y medioambiental, analiza los conflictos y la posibilidad de propiciar nuevas visiones que ayuden a activar procesos de transformación. Este planteamiento le ha llevado a trabajar en proyectos con un profundo compromiso social, tanto en Sudán, como en Jordania en su frontera con Siria, como en espacios carcelarios o trabajando con minorías sociales.

López-Aparicio soluciona cuestiones formales generadas durante el proceso creativo apoyándose en su herencia y conocimiento del mundo de los oficios, la ingeniería y la arquitectura. A lo largo de su trayectoria ha desarrollado la capacidad de solucionar las obras in situ (ellas no viajan, él es el viajero) y propiciando que sus obras partan de una mediación con el contexto.

Para la segunda edición del Gabinete de Resistencia presenta cuatro piezas de uno de sus proyectos más extensos, iniciado en el año 1991. Se trata de cuatro de las últimas ediciones de la serie Realidad Cruda / Ciclo de Realidad, un trabajo en el que se evidencia un interés del artista por los procesos, tanto creativos como vitales en el que López-Aparicio propone “asumir la vida como es, sin evitar la realidad, formando parte de nuestras decisiones, nuestra vida”. En estos pequeños círculos, como destacó, Sema D’Acosta, se presentan:

semillas que son capaces de brotar desde el cuerpo ya cadáver de diversos animales. Estas simientes que nacen en el interior de pequeñas aves, reptiles o ranas muestran cómo la muerte también genera nuevas existencias según el ciclo natural de los seres orgánicos, un ejercicio de profunda reflexión en torno a la transformación y transmutación de la vida en la tierra.

Isidro López Aparicio / iLA