Irene Cruz (Madrid, 1987), fotógrafa y vídeo-artista, cuenta ya en su currículum con más de 350 exposiciones de fotografía, videoarte y videoinstalaciones en todo el mundo (destacando lugares como el Palais de Tokyo de París, el círculo de BBAA o el Palacio de Cibeles en Madrid, La KunstHalle o la Deutsche Oper de Berlín, Project Art Space de Nueva York, el MUA de Alicante o el Da2 de Salamanca). También ha participado en diversas ferias como ARCO o Art Madrid, Positions (Berlin), Art Basel, Mia (Milán), Fotofever (París)… y participa en el festival Photoespaña ininterrumpidamente desde el año 2012 en diversas galerías y centros.

Mi obra habla del misterio, la privacidad, la integración en el paisaje… Me interesa trabajar lejos de la personalización, cerca de representar emociones y sentimientos universales.

No hay límites. Hay caminos, puentes… La naturaleza lo es todo.

Para FAC, presenta una selección de obras de algunas de sus series más destacadas como Inner Tales, Hija de la Luna Nueva, Mär, Lieber GeistUrlaub, Moonlight, Habitat. Where we belong y Lieber Geist. Por ejemplo, Habitat es la propuesta con la que reivindica dejar de mantener esa separación con la naturaleza y nos insta a sumergirnos de nuevo en la comunión primaria de aquel contacto original, reclamando, con su obra, que volvamos a la naturaleza como parte de ella en un intento de recobrar el equilibrio perdido que nos ha impulsado a vivir en una esquizofrenia colectiva de unos contra otros. Mientras que para Lieber Geist ha partido por una parte, de la cultura Swahili, que distingue entre los vivos, los muertos y los que ya no están. Para ellos, un alma no muere si ha tenido contacto con algún vivo, pues su energía permanece dentro de su ser. Por otro, su origen se basa en la voluntad de aprendizaje en la convivencia del desconsuelo por el abandono.

Los cuerpos se funden como el fantasma que vive dentro de uno mismo, cuando se ama al que se fue, al que ya no está. La idea del movimiento me lleva a pensar en aquello que trascurre, pero no se trata del movimiento pensado, fijo en su objetivo, sino del movimiento sin rumbo, creando, de esta manera, cierto sentimiento de angustia y de intensa atracción hacia el ser que se nos escapa.

Irene Cruz