Un proyecto colectivo con los artistas: Paula Rubio Infante, Acaymo S. Cuesta, María Cañas, Olalla Gómez, Azahara Cerezo, Jorge García, Eugenio Merino,  Diana Larrea, David Heras, Juan Francisco Casas, Julio Falagán, Cyro García, Luna Bengoechea, Gema Rupérez, Miguel Rodríguez Sepúlveda y Avelino Sala.

Comisariado por Adonay Bermúdez, Eugenio Merino, Juan Francisco Casas y David Heras.

El dinero (y, por ende, el billete) se ha convertido en la máxima autoridad para determinar el valor del trabajo, así como ejemplificar el poder, el control sobre la masa y el fraccionamiento de las clases sociales. No hay mayor adoctrinamiento que hacerle creer al sujeto que es libre porque puede consumir, aunque irónicamente la acción en sí es un total acto de sometimiento. Son los sinsabores, por llamarlo de alguna manera, del sistema capitalista.

Seguramente, lo más peligroso de todo es que el individuo mueve el dinero como un ejercicio (pre)establecido sin que en ningún momento se lo cuestione. Al fin y al cabo, no hay que olvidarse del placer que conlleva consumir. Un deleite que, a su vez, genera sentimientos de dignidad, de prosperidad o de supremacía, conceptos peligrosos donde los haya (puntualicemos aquí las teorías de Han acerca del poder inteligente que domina a través de la amabilidad y del positivismo). Aunque, sin lugar a dudas, el dinero y el triunfo de la libertad individual son el vínculo más fuerte. Eso sí, es un total (auto)engaño, ya que la ansiada libertad nunca llega porque el propio sistema capitalista lo impide al permitir la pervivencia de opresores y oprimidos.

Siguiendo la estela neoliberal, las libertades individuales son conseguidas gracias a la libertad de mercado, una hipótesis dominante importada de Estados Unidos al mundo entero. El intrusismo norteamericano contra el socialismo de Salvador Allende en Chile o la guerra de Irak mediante las jugadas de Paul Bremer y orquestada por George W. Bush son dos claros ejemplos de ello. Es, entonces, cuando aparece el dólar como elemento icónico del sistema capitalista por antonomasia.

En todo caso, me sale más barato sufrir el castigo por desobediencia al Estado que obedecer. Me sentiría que yo mismo valdría menos. Partiendo de esta cita de Henry David Thoreau recogida en su publicación “Desobediencia civil”,  una serie de artistas ha decidido intervenir o destruir billetes de un dólar americano como acto de rebeldía, como acto subversivo. No obstante, es un posicionamiento irónico ya que, al fin y al cabo, las obras de arte serán vendidas por un precio superior al del propio billete y, encima, dentro de una  (inusual) feria de arte. Hablar de capitalismo con las herramientas del capitalismo en el espacio de máxima representación del capitalismo vinculada al arte. ¿Caballo de Troya? Parafraseando a Polanyi, la quiebra de la economía de mercado puede suponer el inicio de la verdadera libertad.

Dieciséis artistas, un dólar americano y la contradictoria libertad.