Respiradero para Lucio Fontana, 2018

Hierro y esmalte sintético

Haciendo los “respiraderos”, que parecen pinturas geométricas neoconcretas, me acordé de Lucio Fontana perforando el lienzo, con la idea de darle a la pintura un carácter contrario a la planitud. Por eso le he dedicado uno de mis respiraderos.

Guillermo Lledó, una de las figuras fundamentales de la creación contemporánea española, tanto en su producción artística como en su carrera docente, ha estado muy interesado en teorías de la imagen y cuestiones conceptuales. Inició su carrera artística dentro de un particular realismo urbano, próximo al hiperrealismo y en el que por medio de impresionantes trampantojos reflexionaba sobre cuestiones de definición, representación y percepción. A finales de los años setenta llevó estas investigaciones al límite, como se aprecia en piezas como Ayuntamiento de Madrid (1977), en la que escoge una tapa de registro del alcantarillado de la capital, y sobre todo en Dirección única (1978), donde reprodujo con pasmosa exactitud la señal de tráfico. Motivos que pasan desapercibidos y que, sin embargo, tras el trabajo de Lledó adquieren intensas cualidades estéticas.

A partir de la década de los ochenta Lledó pasa a trabajar en tres dimensiones y crear lo que él mismo llama “falsos readymades“, obras objetuales que nos revelan su evolución hacia lenguajes propios de la abstracción minimalista. Son obras en las que trabaja con materiales como la madera, el vidrio o el hierro y por medio de soluciones formales depuradas nacidas de procesos de corte constructivista, como podemos apreciar en el homenaje a Lucio Fontana que presenta para el primer Gabinete de Resistencia.

Su obra puede verse en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museo Municipal de Arte Contemporáneo de Madrid, la Colección La Caixa, la Colección Espíritu-Materia o ARTIUM.

Guillermo Lledó