JENNIFER STEINKAMP, “Naturaleza digital”, Espacio Fundación Telefónica, Madrid

Hoy tenemos otra visión de la exposición de Jennifer Steinkamp, en este caso por Catalina de Vicente.

JENNIFER STEINKAMP, “Naturaleza digital”, Espacio Fundación Telefónica, Madrid.
Digitalización natural por Catalina de Vicente¹.

(c) Jennifer Steinkamp

En la tercera planta del Espacio Fundación Telefónica una cantidad considerable de personas, móvil en mano, interactúan y dialogan de manera directa con la obra de la artista Jennifer Steinkamp (Denver, EE.UU, 1958) “Naturaleza digital”. Un diálogo que traspasa los muros de la sala trasladándose al espacio virtual de las redes sociales -en su mayoría instagram- desde donde también puede visitarse la exposición. Asistimos al régimen “pantallocrático” al que hace referencia Javier Panera, en el que “tenemos una vida al otro lado de la pantalla y donde cada vez parece más difícil ser y estar sin generar un registro visual de ello”. ¿Será este el objetivo de la artista?

(c) Jennifer Steinkamp

En el delicado silencio de la sala, se insertan las obras de Steinkamp, cinco video instalaciones proyectadas sobre los muros simulan distintos tipos de vegetación en sinuoso movimiento -árboles, flores y tallos- en un intento de proporcionar al espectador una “experiencia sensorial de gran intensidad”, como augura el texto de presentación. Por primera vez, Espacio Fundación Telefónica retira los muros que suelen encerrar los ventanales dejando entrar una luz tenue, paradójicamente, como si la naturaleza allí proyectada necesitara alimentarse de ella. Las obras se mecen en silencio sobre el visitante, que deambula por la pretensión de bosque virtual, sensación que se torna escasa al encontrarse con Dervish, los tres únicos árboles testigos del jardín. Continuando con el recorrido, se encuentran las obras Bouquet y Garlands, guirnaldas de flores y tallos virtuales, y el delicioso homenaje de Steinkamp a Madame Curie -la proyección más extensa del conjunto- con 40 tipos de flores y plantas a los que Curie hacía referencia en sus escritos con el objetivo de hacer reflexionar sobre las efectos de la energía atómica.

Lejos de establecer una continuidad visual, surge la obra Ovaries, de clara estética pop, que rompe absolutamente con la armonía preciosista propuesta, haciendo que, finalmente, el recorrido expositivo resulte confuso e incluso forzado.

(c) Jennifer Steinkamp

El conjunto de las obras -que dialogan en silencio con el espectador, envolviéndolo entre sus formas, movimientos y colores- sin embargo, se ha visto incapacitado para establecer una conversación con el espacio en el que se inserta, proporcionando una profunda sensación de escasez y desconcierto. Una distribución que termina rasgando esa armonía que tanto prometía “Naturaleza digital”. A pesar de ello, sin duda la obra implica al visitante, haciéndolo protagonista en la interactuación.

 Steinkamp nos sitúa sobre un presente que se alimenta de imágenes, disfrazando a través de la inmersión virtual la lejanía que hemos adoptado respecto a la realidad. Del mismo modo queEspacio Fundación Telefónica abre sus ventanas, Steinkamp aparta el velo que cubre nuestros ojos. La artista inmortaliza la naturaleza al despojarla de su carácter efímero, de la misma manera en que la taxidermia preserva un cuerpo sin vida. La obra crea un espacio entre la vida y la muerte al que ya hacía referencia Zambrano en  Claros del bosque, ese “lugar sin lugar, vacío, donde no es posible el enraizamiento de la vida”. En este contexto se sitúa el espectador, en una especie de limbo acomodado entre la necesidad de contemplación de la vida a través de una pantalla y la posibilidad (o imposibilidad) del contacto directo con la realidad. Un lugar donde parece que es imposible echar raíces, porque no existen o porque quizá no hayan sido simuladas.

La inmersión propuesta con la creación de este entorno ficticio, ha ido más allá al contar con la inmersión diaria a la que se somete el visitante a través de su pantalla; algo así como el sueño dentro del sueño que nos proponía Nolad en Inception. La obra de Steinkamp sumerge al espectador en un mundo en el que es consciente (o no) de la pérdida del concepto de realidad, obteniendo como resultado final una obra contemplada por miles de espejos negros, una obra que genera gran expectativa cuando se contempla a través de la pantalla pero que se torna escasa y confusa cuando se encuentra con la realidad.

 

 

(1) Catalina De Vicente es gestora cultural, crítica y comisaria de exposiciones.

 

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