Entrevista a Roberto Cárdenas (I)

ROBERTO CÁRDENAS. NADIE PUEDE ENSEÑARTE EL CAMINO AL HACIA EL INFIERNO

Os traemos la primera parte esta magnífica entrevista por Idoia Hormaza¹ para FAC.

Puedes ver el trabajo de Roberto de Cárdenas en su web.

 

 

Idoia Hormaza- ¿Cómo te iniciaste en todo esto?

 

Roberto Cárdenas– La respuesta más sencilla es que entré a la universidad a estudiar artes porque era algo completamente ajeno a mi vida. No crecí en un ambiente de arte, en mi casa no había libros, crecí en un ambiente familiar perteneciente al campo. Yo soy la primera generación de mi familia que asistió a la universidad. Casi por capricho y por querer hacer algo distinto a lo que venía haciendo anteriormente. Entonces yo pensé que en la vida me iba a dedicar a estudiar una ingeniería o matemáticas o física, que eran materias que también me interesaban y se me daban bien. A veces digo que por rebeldía académica no quise estudiar eso sino hacer una cosa que no tuviese nada que ver conmigo. Básicamente por eso.

 

IH- ¿Por espíritu de contradicción?

 

RC– Sí. Por hacer algo que no se hacía en mi familia, yo mismo ni siquiera era un tipo… ni un lector ni iba a museos… nada. Sí, un deseo de rebeldía, por cambiar mi propia forma de hacer las cosas, pensé que el arte podía ser un buen camino para eso, donde se permitía ser rebelde pero con unos márgenes permisibles.

 

IH- ¿Fue así, te sirvió?

 

RC– Sí, lo de pasar por la universidad al final me sirvió para acelerar una serie de carencias en el arte como comenzar a conocer artistas, cineastas, autores… tenía toda esta información muy a mano en la escuela, en la biblioteca… sí. Posiblemente lo podría haber hecho sin pasar por la universidad pero en un tiempo mucho más dilatado. A mí la escuela, siempre lo he dicho, me sirvió como un acelerador y un condensador para todo esto. También me sirvió para hacer amigos y conocer a profesores. Después seguí trabajando con ellos porque teníamos intereses en común. Creo que al final lo más importante que saqué de la escuela fueron los amigos y las citas (se ríe).

 

 

IH- Te dedicas a varias cosas, eres creador audiovisual, docente, investigador y ¡escritor! (esto último no lo sabía) ¿Cómo se vinculan todas estas facetas?

 

RC– Bueno, esto lo hago casi por faramalla.

 

IH– ¿Lo haces por…?

 

RC– Faramalla, hacerme el interesante (risas). ¡Nada, que es broma!

 

IH– Aaahhh… ¡pero si no te hace falta! (risas)

 

RC– En realidad, soy un artista que escribe, no tengo una formación de escritor pero en mi obra utilizo mucho, mucho, el texto. Me interesan la escritura y el lenguaje: uno de los temas a los que recurro normalmente. Y, bueno, esto me ha dado también pie a escribir pero sin ninguna disciplina, o sea al final, básicamente lo que hago, lo hago desde una indisciplina, soy indisciplinado. Pienso que hago vídeos sin tener una buena formación técnica, escribo sin una técnica rigurosa, siempre lo pienso de esa manera.

 

IH: – Sí, “shihuahua”. (risas). (Comentario referido a El malvado arquitecto del mundo)

Proyecto El malvado arquitecto del mundo. Cortesía Roberto Cárdenas.

Proyecto El malvado arquitecto del mundo. Cortesía Roberto Cárdenas.

 

RC- Los cineastas creen que no hago cine, los escritores creen que no escribo, los artistas creen que no hago arte, pero me gusta llegar a las disciplinas y a los medios con un sentido un poco (duda) ¿inocente? Entonces, esa inocencia me permite… eeeehh… hacer cosas que quizás la disciplina marca y acorta.

 

Entonces, cuando comencé a escribir, comencé a hacer textos para amigos que me pedían reseñas o textos para sus exposiciones o para su obra, cosa que me gustaba porque me di cuenta de que también me servía para reforzar la forma en la que trabajo.

 

IH– Se retroalimentaba, ¿no?

 

RC- Se retroalimentaba porque cuando leía lo que estaba escribiendo… un amigo alguna vez me dijo que escribía igual que editaba vídeo, esta cosa del loop, de volver, de hacer cortes brutos, de hacer saltos secuenciales que, aparentemente, no tienen ninguna conexión ni ninguna lógica… más o menos por ahí también encontré un camino para la escritura y a la gente le gustó, a alguna gente le gustó esa forma de escribir y me pidieron textos para revistas, para catálogos, para artistas… también lo hago porque me divierte y me entretiene. Mucho del trabajo que hago es muy en solitario, entonces la escritura me ayuda todavía más a encapsularme. Además, es la forma más barata para producir, no necesito ni una cámara ni nada de producción… Sólo un papel y un lápiz, porque normalmente lo hago así, a la vieja usanza. Me gusta el trazo (marca mucho la palabra “trazo“ evocando el ruido del lápiz en el papel) de la palabra y luego esto ya lo llevo o, a un formato clásico de publicación o, lo tallo en una pared[2]

 

Proyecto para Edith. Cortesía Roberto Cárdenas.

Proyecto para Edith. Cortesía Roberto Cárdenas.

IH- Claro, el lenguaje como ente abstracto puede encontrar varios canales de difusión.

 

RC- Sí, claro. Es eso, como no escribo en… digamos que no hago literatura sino que la uso como una herramienta o como arma de producción.

Una cosa que yo repito todo el tiempo es que no hay ninguna diferencia en… mi manera de realizar una producción de mi propia obra o una investigación, que es un marco más estrecho, en alguna ocasión, lo hice de forma más académica para la escuela, la universidad, una institución… ahora mis investigaciones tienen lugar dentro del arte. No hago una investigación para la NASA ni para una revista de innovación científica sino dentro de los límites que se puede permitir el arte. La investigación es un lugar en el que me siento bastante bien, pensar en el arte como un proceso de investigación. Eso por un lado, cuando hago proyectos de medios audiovisuales, poner visuales para conciertos de música, utilizo imágenes de mis propias obras para entrar ahí pero, en ese contexto, con una preocupación más relajada. Cuando doy clases, también intento que se conviertan un poco en gestos artísticos, no en obras tal cual pero sí en gestos que toquen y abracen mi obra. Cuando escribo, lo mismo, recurro a los mismos mecanismos o formas pero en otro medio, en la escritura en este caso. Ya no es el vídeo ni la vídeo instalación ni el audio…

 

IH- ¿Podrías poner un ejemplo para ilustrar lo que dices de que intentas hacer un acto artístico en/con la docencia…

 

RC- Vivía en Guadalajara, en México, impartía una clase que se llamaba “Creatividad” o “Procesos creativos”, esos nombres de clases donde entra cualquier cosa. En esa clase, yo les ponía a mis alumnos ejercicios como: robar, por ejemplo.

 

IH- ¿Robar? (risas)

 

RC- La tarea, el ejercicio de clase, era que el fin de semana fueran a robar algún objeto, lo trajeran a clase y explicaran por qué robaron ese objeto. Claro, primero, aparecían objetos que sorprendían, después, no sé… parecía una terapia de grupo (risas). Sí, claro, la gente empezaba a soltar cosas muy potentes: problemas familiares, problemas de pareja, problemas existenciales… me vi enfrentado a una cosa que se me salía de las manos donde… (risas) ¡mierda! ¿por dónde me puedo meter? Eeehh… sí. Otro ejercicio consistía en llevarlos a un centro comercial, a un Walmart, para que generaran una obra dentro. Invitarlos a que fueran a una fiesta y que la fiesta se convirtiera en la obra, que llegaran allí, no como normalmente se va a una fiesta sino pensando que estaban ahí para pensar qué sucedía y, a partir de ahí, a colación de esa experiencia, se imaginaran una obra que tenían que traer a clase. Les ponía a hacer obras como si fueran artistas reconocidos, no sé… un montón de ejercicios, que al final son pedagógicos pero también se pueden convertir en obras o piezas de arte.

 

Otra clase me dio la pauta para decir que, en realidad, no era una clase sino un laboratorio; donde se terminaba haciendo una obra como tal, estaba relacionada con arte y lenguaje y durante todo el semestre del programa, fuimos haciendo una especie de mapa entre todos, cada uno el suyo, con sus ideas, cada uno iba generando un pensamiento propio: una propuesta de teoría pero desde lo personal, sin basarse en teorías ya dadas. Les daba algunos inputs, para que ellos pudiesen arrancar pero cada uno generando un canal de conexión. Al final terminaban haciendo una obra grande, una obra en total. Yo lo pensaba como si fuese un montaje de una exposición, cada obra tiene una particularidad y una fuerza en sí sola pero cuando se montan todas esas piezas en un solo contexto, la exposición en conjunto se convierte en otra cosa. Eso pasaba en nuestra clase, que cada uno llevaba un proceso diferente, con un pensamiento propio, en el momento en que se presentan todos en el mismo momento, se convierte en una cosa fuerte y pesada. Para mí era como hacer arte, como hacer mi propia obra pero trabajándolo con esta gente. Lo planteé desde ese lugar, lo hablé con ellos, no quería que fuera una clase convencional sino que llegaran allí pensando que esa clase era una obra que se iba construyendo de a poco. Ahí es cuando pienso que el dar clases también me sirve, o se convierte, en una obra de arte.

 

IH- Máquina de pensamiento, lo que se relaciona con esto: he leído que dices que “El cine tradicional puede ser entendido como una máquina de memoria entonces nuestro trabajo podría ser entendido como una máquina del pensamiento”, ¿te definirías como cineasta?, ¿por qué?

 

RC- Depende (risas). A veces sí, y eso lo hago un poco para crear fisuras en mi propia obra, pensar… No, en realidad, no me defino como cineasta. Hay piezas que sí las defino como cine pero sólo para eso, para generar fisuras. Por ejemplo, esto último que hice: Nadie puede enseñarte el camino hacia el infierno, lo creo como cine y me gusta nombrarlo de esa manera. Un quiebre en lo que normalmente se define como “cine” porque en el momento en el que hay una diferenciación de la forma y la manera de acercarse al cine… es lo que yo propongo en estas pantallas encontradas, fragmentadas también, y pensando que eso es cine, la gente llega ahí y genera, o pienso que puede generar un shock: “No, esto no es cine porque en el cine yo voy, me siento, tengo la pantalla en frente, el proyector detrás de mí y veo todo en una misma pantalla”. Yo esto lo propongo como una ruptura con lo que normalmente se entiende como “cine”. Al final, es un truco muy sencillo para generar agujeros en las piezas que me interesa hacer, es algo en lo que estoy muy preocupado: en hacer agujeros, en mi propia producción, en la forma en la que vivo, en la forma en la que pienso.

 

IH- ¿Qué son para ti los agujeros, las fisuras, los quiebros? Como has dicho, “lo que no debería pasar”.

 

RC- Lo que no debería pasar y está pasando. Una de las cosas que me interesa proponer o, intentar proponer, desde cada uno de los medios en los que me meto… Esto se lo expliqué al director de la escuela donde daba clases, en el Instituto Cultural Cabañas (Guadalajara). Le dije que tenía una actividad y que esa actividad era robar… – ¿¿¿Robar???- ¡What     the    fuck   ! (risas). Pero como de alguna manera y por alguna razón, para bien o para mal, confiaba en mí, me dijo que tirara. Se supone que en la escuela, la gente no va a aprender a robar (se ríe), la gente va a hacer otras cosas. No va para que le inviten a una fiesta sino para que un profesor te enseñe a…

 

Cuando escribo, se supone que hay una estructura de escritura, yo intento romperla todo el rato… no, no equivocarme, no sé si la palabra “equivocarme” es la más adecuada pero sí darme permisos, darme un montón de permisos. También de alguna manera cuando decidí que quería dedicarme al arte, pensando que tenía muchos permisos porque no venía de una familia de tradición artística, ni siquiera como espectador o cuando lo era, sólo buscaba entretenimiento. Entonces, en realidad, lo que tenía en la cabeza era: “tengo el permiso para hacer lo que me salga de…

 

IH- Dilo, dilo, está bien.

 

RC- Las bolas Así que esto lo he intentado mantener un poco. En la universidad, intentaba un disciplinarme o generar una serie de técnicas o de formas establecidas… pero, por suerte, como mi universidad era, es, una especie de experimento, intentaba recurrir a otros formatos y “hacer escuela” desde otro sitio, lo que me ayudó muchísimo en ese sentido. Muchos compañeros se quejaban porque no tenían una técnica. Comparaban la nuestra con otras universidades donde la educación es mucho más clásica, se enseñaba la técnica de dibujo, de pintura pura… Nosotros, como estábamos ahí… robando y (se ríe) copiando cosas, salíamos con otra cabeza, con otras habilidades (risas) que no necesariamente eran las artísticas.

 

IH- Pero eso es lo interesante.

 

RC- ¡Pero claro! Se vuelve más interesante, o al menos a mí, me interesa más. Como tampoco nunca me interesó aprender a dibujar, a pintar… hacer el “oficio” muy bien diseñado o intentar llevarlo a una supuesta perfección, me daba lo mismo… Ésa era la escuela donde tenía que estar, una escuela donde me permitiesen hacer y deshacer. Todo el mundo estaba zafado ahí (risas).

 

IH- Qué suerte, ¿no?, me parece una gran suerte.

IH- En relación con el aspecto técnico, ¿cuáles son tus ámbitos de interés en la creación audiovisual (vídeo instalación, vídeo instalación interactiva, instalación, live cinema, audio transmitido en tiempo real, animación frame by frame, web interactivo, performance…)?, ¿cuáles son tus métodos, cómo desarrollas una obra? Nos ponemos serios… (risas)

 

RC- Eeeehh, ya. Vienen las preguntas difíciles ahora (se ríe).

No, a ver, ni siquiera estoy seguro, cuando les pongo el nombre de la disciplina, la técnica de las obras, no estoy seguro de si lo estoy haciendo bien, hago lo que creo que puede ser porque lo intuyo. Esto lo comencé a hacer casi saliendo de la universidad, a buscar otras formas de nombrarlo que pueden no ser las que les corresponden. Por ejemplo, cuando hice mi tesis para la universidad, que se titulaba AV in/out, es decir, entrada y salida de audio y de vídeo, una cosa técnica que aparece en todos los aparatos de audio-vídeo, una tontería al final (risas). Pero me servía por un lado, para pensar que yo no estaba haciendo vídeo, porque me parecía que, a corto, lo que estaba intentando hacer, era cine pero me parecía muy pretencioso. Después, se me olvidó (risas) y lo adopté, pero al principio creía que tenía que ser un poco más humilde. Así que comencé a pensar cómo nombrar mi trabajo web interactiva que ni siquiera es tan interactiva, la interactividad presupone una cosa mucho más compleja y, en realidad, lo que yo propuse en esta pieza de Cinema Post era una navegación muy básica, que es lo mismo que hace todo el mundo hoy. Con esa pieza en lo específico lo decía, que el termostato del calefactor tiene más interactividad (risas). Simplemente necesitaba a un operador que manejara las teclas para que se activara pero no era indispensable.

 

Proyecto Cinema Post. Cortesía Roberto Cárdenas.

Proyecto Cinema Post. Cortesía Roberto Cárdenas.

Segunda parte>

(1) Idoia Hormaza es historiadora y experta en videoarte, ha trabajado en la Fundación de La Bienal de Venecia.

(2) Para Edith (2016)

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