El arte reproductible. Vídeo arte. Algunas ideas sobre su colección y conservación.

El arte reproductible. Vídeo arte. Algunas ideas sobre su colección y conservación

Os traemos este magnífico artículo escrito por Idoia Hormaza¹ para FAC.

Obra Daniel Silvo

Imagen: Artista, Daniel Silvo. “Bruce Nauman” de la serie “Copy”. Huecograbado y acrílico sobre aislante. 100 x 200 cm. 2017. Galería Isabel Hurley ²

 

Los parámetros del arte reproductible rompen con los cánones tradicionales de la colección, la preservación y la exposición de trabajos artísticos. Los protocolos están en un continuo cambio y desarrollo, a merced de los avances tecnológicos y de la investigación sobre estas materias, por lo que se revisan y renegocian constantemente.

Muchas de las más importantes obras del siglo XX y XXI son tecnológicas. Los distintos protocolos de actuación son muchas veces simultáneos. Evidentemente el arte serial se acompaña de cuestiones complejas, muchas en devenir.

Probablemente tres de las particularidades del vídeo arte que más complican su adquisición, mantenimiento y exposición son: su inmaterialidad -sólo se puede disfrutar de la obra mientras es reproducida, el resto del tiempo el único objeto del que se dispondrá será una bobina, una cinta de vídeo, un disco digital-, su condición serial y su carácter efímero.

En cuanto a la inmaterialidad, ésa es precisamente la condición que lo hace diferente, la inclusión del factor tiempo, la duración temporal de la obra. Bill Viola lo resumía de la siguiente manera: «La esencia del medio es el tiempo». Aunque cuando tiene un carácter escultórico adquiere formas materiales como ocurre con las vídeo esculturas o las instalaciones.

En cuanto a la serialidad, si bien Walter Benjamin argumentaba que el objeto único poseía un aura que no se conservaba en la copia, Duchamp, quien se sirvió de la película como medio, opinaba que el aura de las obras de arte decaía tras una década de su creación, y que por tanto, la reproducción las reforzaba.

En cuanto a la tercera y última, su carácter efímero, es algo que atañe a muchas otras disciplinas artísticas contemporáneas, sirvan como ejemplo los dibujos de Sol Le Witt, los neones de Dan Flavin o el lenguaje conceptual de Lawrence Weiner. La misma vida humana es efímera.

Aún más, ningún arte es eterno. La restauración y la conservación preventivas son métodos para conservar de la manera más fiel y por el mayor tiempo posible la producción del patrimonio. La diferencia esencial de lo tecnológico se halla principalmente en su dependencia de los aparatos de reproducción, ligados al mercado. Esta dependencia parece que podrá ser resuelta con la migración, lo que no supone ninguna novedad en la historia de la humanidad.

A fin de cuentas lo que subyace a estas potentes inversiones de recursos para preservar el arte, no es sino un intento de preservar la memoria: el ser colectivo. El ser humano es un animal social y el arte como decía Ernst Fischer «Es evidente que el hombre quiere ser algo más que él mismo. Quiere ser un hombre total. No le satisface ser un individuo separado; parte del carácter fragmentario de su vida individual para elevarse a una plenitud que siente y exige, hacia una plenitud de vida que no puede conocer por las limitaciones de su individualidad». El arte suple la necesidad de ser todos.

El criterio y los mecanismos que rigen la creación de los nuevos ingenios electrónicos se corresponden con la necesidad humana de mejorar, de ampliar la contención del producto de esa curiosidad irrefrenable y siempre en movimiento que da como resultado el conocimiento.

Desde los albores de la humanidad ese proceso se ha acelerado, desde la piedra egipcia, concebida para durar eternamente, hasta la obra contemporánea cuya esencia reside muchas veces en el concepto más que en el material. En el caso concreto del vídeo, la tendencia aparente en la creación, es la de la desaparición de los formatos estudiados como contenedores de información frente a obras de vídeo arte, contenidas, en códigos binarios de información digital almacenadas en un ordenador (aunque éste siga siendo un soporte). Este hecho, incide en la forma de distribuir e incluso de vender el vídeo arte, ya que en ocasiones, las galerías venden, no un soporte físico sino un enlace a una página web en Internet a la que se accede con una contraseña. Nos estamos convirtiendo en idea, en información. Nos estamos refinando y al poder crear nuestros propios materiales, ya no tenemos que buscarlos directamente en la naturaleza; su duración se repite y remite a la transmisión oral en el sentido de que la responsabilidad de que el legado perdure corresponde a las generaciones futuras, podemos educarlas pero no decidir por ellas.

Es probable que la inmaterialidad, en un recorrido lógico que prevé, con sus limitaciones el futuro (por ejemplo Julio Verne preveía en 1889 ciudades de diez millones de habitantes pero sólo para el año 2889), siga su camino imparable. Es probable que todo tienda a acercarse cada vez más a lo líquido. Lo real está siendo sustituido por la simulación.

No creo que la esencia de la obra artística resida tanto en su materialidad como en, siendo un sistema de comunicación, lo que podemos aprender de y con ella. Si la idea del original es tan importante, ¿cómo es posible que tantos falsificadores hayan engañado el ojo y el intelecto de los más avezados expertos? ¿Qué diferencia en realidad al original de la copia? Tras cada obra, hay una persona; es su legado mental y visual el que importa. Mientras las imágenes subsistan, mientras subsista la experiencia, las obras estarán vivas. Así se entiende en el arte oriental, en el que se copian las obras y se reconstruyen las arquitecturas.

Según Zygmunt Bauman, son estos unos tiempos líquidos. Se diría que es una definición del tiempo que nos ha tocado vivir, por lo que las obras de arte basadas en el movimiento son paradigmáticas. Parafraseando a Bill Viola: «En un mundo en el que las condiciones están cambiando constantemente, donde los nuevos sistemas sustituyen los viejos (la pesadilla del consumidor), la clave para sobrevivir parece residir en un continuo ciclo de reproducción- copiar como vía para la preservación». Haría extensibles estas ideas a la vida misma, éste es nuestro tiempo y está en esa evolución de formas pero no de contenidos. Tan lejos y tan cerca de nuestros más lejanos ancestros.

El ser humano nunca está satisfecho, tiene que convertirse en la idea de un demiurgo. Si el arte de la escultura persiguió siempre el movimiento y el de la pintura parecer realidad, todo apunta a que ahora buscamos crear vida (el viejo sueño de Pigmalión) con la robótica y la inteligencia artificial, extenderlo todo en busca de la inmortalidad, en busca de la extensión de los sentidos para ocuparlo todo. Ésta será la obra última y el objetivo último de la creación artística: la vida artificial o clonada con todas las implicaciones morales que incluye. El vídeo fue la extensión de la visión, ver a través de los ojos de otros. Al final nuestra propia memoria podrá ser transferida a un formato. Saberlo todo. Es decir, ser eternos, omnipotentes, omnipresentes y omniscientes. Trascender todas las barreras y límites. Creo que ésa es la meta última del deseo humano con la tecnología.

El conocimiento está siendo transportado a un código inmaterial: el de la nube.

Paradójicamente, puede recordarnos a los inicios de la transmisión del conocimiento de otro tipo de arte, como son los poemas homéricos, que eran de tradición y transmisión oral y nunca se temió su pérdida, sino que prevalecían de generación en generación hasta que fueron escritos.

La memoria se preserva gracias al lenguaje hablado, más tarde gracias a la palabra escrita y actualmente en formatos tecnológicos, memorias extendidas. Primero la memoria duraba el tiempo de una vida y cuando ésta tocaba a su fin, «migraba» a otra vida porque el formato original, una persona o varias, también eran efímeros.

Los primeros libros se hacían con materiales más duraderos pero con la llegada de la modernidad y la prensa, esos nuevos soportes no estaban pensados para durar (la pulpa de papel es de mala calidad, se acelera su fungibilidad frente al, por ejemplo, pergamino medieval). La duración de la información ha encontrado siempre la manera de sobrevivir y es indudable que hemos perdido mucho conocimiento a lo largo de la Historia. Este riesgo nos ha acompañado siempre. No deja de ser irónico que tras tantos avances no estemos tan lejos de esa transmisión oral. Una vida tiene una duración similar a la de una cinta de vídeo y, las distintas generaciones tanta como la que se le quiera dar a un formato electrónico con la migración. ¿Qué nos asusta tanto entonces?, ¿no poder retenerlo TODO?

(1) Idoia Hormaza es historiadora y experta en videoarte, ha trabajado en la Fundación de La Bienal de Venecia.
(2) https://danielsilvo.com/2017/04/28/conservar-y-divulgar/
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