Culture is not your friend

Algunas reflexiones provisionales sobre la escena artística contemporánea, Octubre 2017.

Escrito en conjunto por el colectivo GAPScuratorial. GAPScuratorial

Hablar del arte como una ilustración de la sociedad no es nada nuevo o raro. Es un debate más que trillado. Sin embargo, se antoja otra vez algo urgente si nos situamos en el observatorio de la fiebre que Frieze London y Frieze Masters traen a Londres en cada Octubre. Frieze no es solamente una feria de arte sino que se ha convertido, para muchos, en un indicador de la escena artística contemporánea a escala “global”. Cabe preguntarse, pues, si hay algo verdaderamente indicador que podamos encontrar en ferias como esta, y, sino, cuál es su papel.

Terry Smith, hablaba, en su ensayo “Taking time…”[1], de cómo desde los años sesenta el arte contemporáneo está profundamente conectado con la paradoja de que, mientras que el mundo se diversifica y se complica, la obra y su audiencia existen en un espacio y un tiempo compartidos, ambos ejecutando la misma labor de aportar significado a la existencia; “juntos, a la vez, contemporáneamente”. Quizá esta es la razón, explicaba Smith, de que medios como la instalación, la performance participativa, y la interacción digital se hayan convertido en modalidades tan ubicuas.

Caracterizadas por la provisionalidad y la posibilidad, estas prácticas configuran un espacio (físico o virtual) exento de reglas externas. Y es en precisamente esta suspensión de las múltiples temporalidades del mundo donde, según el autor, el trabajo de crear significado puede ser efectuado.Siguiendo esta línea de pensamiento, es muy fácil observar cómo las prácticas artísticas contemporáneas donde esta creación sucede se sitúan, como quizá siempre ha pasado, radicalmente fuera del mercado, en atmósferas semi-underground donde la prisa y el estrés que gobiernan en Fieze no invaden la escena. Puede ser, como Irit Rogoff ha defendido, que estemos asistiendo a un “giro participativo” donde estas prácticas -como el live art, performance, y la instalación- se configuran como una fuerte corriente alterna al ritmo pasivo y fast de la digestión cultural contemporánea. Este giro, como explica Rogoff[2], es interesante porque se caracteriza por un giro de lo reflexivo a lo constitutivo, por un salto de la criticidad “etiquetadora” a un espíritu “Deleuziano” [3] de creación colaborativa, libre, y en fluxus.

Lo positivo de ferias como Frieze, que se nos antoja como un supermercado de lujo cuadradamente diseñado y disciplinado en su catálogo de tendencias, es la manera en que ensalza el contraste.Frieze como institución, como trend-setter, como pasarela para artistas, curators, y galeristas, no debe dejarnos fríos ni angustiados. Debe existir para que las verdaderas pulsiones creativas tengan su margen subversivo, para que la alternativa pueda darse. Organizado como el último opening de su espacio en Camdem, (X) a Fantasy tomó la David Robert Art Foundation como una intensa noche de performance. El evento, que incluía nuevas comisiones de artistas contemporáneos, presentó entre otras piezas la impactante Something orange: our bodies slip slide through knowing. La obra, realizada por Fernanda Muñoz-Newsome y Jamila Johnson-Small, con una producción de sonido de Nick Owen, es una nueva coreografía que buscaba desentrañar “los espacios intersticiales entre nuestros cuerpos privados y públicos” que jamás podríamos encontrar en Frieze por su complejidad y nivel experimentación. Así mismo, Delfina Foundation está dedicando la última exposición en su espacio en Victoria a la artista de performance Geumhyung Jeong, que consiste en los resquicios de disfraces y objetos que usa en sus brutales performances. Impactante, cruda, y desagradable, la exposición de objetos es difícil de imaginar en Frieze, opuesta en su misma esencia a las exigencias del mercado.

Otro ejemplo reciente tuvo lugar en la celebración de la apertura de la exposición de Haroon Mirza en Zabludowicz Collection en un local en Shoreditch. El público quedó absolutamente en shock tras la repentina aparición de una performance en mitad de la sala, a las doce de la noche. Si bien perfectamente orquestado, las dos performers que forman el colectivo Fluct absorbieron toda la energía a su alrededor con una pieza tan hipnótica como distópica. Sexo, odio, Guerra, ira, provocación, y dolor sangraba de los movimientos de las bailarinas en una pieza que parecía no acabar nunca. No producía, ni de lejos, tipo alguno de satisfacción o entretenimiento, sólo incomodidad y pasmo. Le pieza acaba con la frase “CULTURE IS NOT YOUR FRIEND”. Poco común es ver, sin embargo, a una audiencia tan entregada, tan envuelta después en un poderoso estado de alerta. Y es que quizá estamos olvidando que lo real no es agradable, que la cultura no es (sólo) entretenimiento, que el potencial del arte no es hacernos reír a todos juntos sino despertarnos, activarnos, dolernos, empujar hacia el posicionamiento. Ahí es donde tiene poder.

FlucT performing

FlucT performing at Haroon Mirza’s party in Cargo, Shoreditch, after the opening of his exhibition at Zabludowicz Collection, London.  28 of September 2017.

Es quizá en este tipo de iniciativas no convencionales donde podemos rescatar una fe en el relevantísimo papel del arte en la sociedad. Jaques Ranciere ya hablaba de cómo el arte es siempre político porque muestra los mecanismos de dominación, es capaz de ridiculizar a los iconos gobernantes, o incluso porque puede salir de sus propios espacios para transformarse en práctica y retrato social. El arte puede movernos hacia la indignación mostrándonos realidades incómodas, posicionándose fuera del estudio o el museo, transformarnos en opositores al sistema dominante al negarse a si mismo como un elemento del mismo.

Mientras que Frieze sigue intentando convencernos de su contemporaneidad con la inclusión de categorías tan raras como “Live” y “Sex works”, estas sólo muestran la simplicidad con la que el mercado opera y etiqueta. Parece urgente señalar cómo, a través de esta identificación, categorización, y ordenación tiene también lugar una fuerte subyugación del arte bajo estándares y criterios ya existentes. Esto es, la aplicación de una dinámica de jerarquización, inclusión y exclusión. Beatriz Von Bismarck, en su libro Hospitality, Hosting relations in Exhibitions [4], defiende que el potencial de la práctica curatorial y artística se encuentra en la manera en que, a la vez, hace operativas y retrata las relaciones sociales en todos sus conflictos, ambivalencias, y paradojas. Dejando libre un espacio para su constante re-configuración en un marco común con la audiencia.

Si partimos de esta base, cabe volver a preguntarse; ¿cómo podemos considerar a una feria de arte en relación con las pulsiones crudas que escapan la fácil categorización, y por tanto, el mercado? Dejando la pregunta abierta, y también a un lado el tono nostálgico, la realidad es que es aún muy posible enumerar, y más en oposición a Frieze, muchos y alternos ejemplos en los que ferias alternativas, iniciativas no lucrativas, estrategias curatoriales tangenciales, y, al final, espíritus valientes y rupturistas, siguen ejerciendo como sismógrafo social, como cartografía de lo real, y como una ontología honesta del presente. Sólo hay que preguntarse si eso es lo que queremos encontrar.

[1]Smith, T., “Taking time…”, What is contemporary art?, University of Chicago Press, London, 2009. P 195.
[2] Höller, C.,“Mutuality of the Moment, Conversation with Irit Rogoff”, Time Action Vision. JR Ringier Letzigraben, Zurich, 2010, p 197.
[3] Deleuze, G, Guattari, F., “The components of expression”, Kafka, toward a minor litrature. University of Minesotta, 1986. P. 28.
[4] Von Bismark, B., Hospitality, Hosting Relations in Exhibitions. Cultures of the Curatorial Stenberg Press, London, 2014. p  13.
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