Jennifer Steinkamp: Naturaleza Digital.

Jennifer Steinkamp: Naturaleza Digital.

Por Alejandro Alonso Moro(1) para FAC


El espacio arquitectónico es el bastidor sobre el que la artista estadounidense Jennifer Steinkamp (Denver, 1958) lleva experimentando desde finales de los 80, el video y en general, los nuevos medios son la herramienta que utiliza para hacernos reflexionar acerca la percepción, el movimiento y el espacio. Las formas vivientes son el lei motiv que ha guiado su trabajo hasta la organicidad más palpable, visible en los trabajos desarrollados a partir del siglo XXI con piezas como Jimmy Carter (2002) o Eye Catching (2003) en las que la botánica es la protagonista.
Generadora de nuevos mundos, busca estimular el afán explorador creando espacialidades a través de lo bidimensional. Proyecciones nos introducen en una atmósfera que lleva a nuestra percepción a examen.


Tras su paso por el CAC de Málaga, el MUSAC y la galería de Soledad Lorenzo, se impone en la Fundación Telefónica con un recorrido cargado de impactos sensoriales para todos los públicos. La muestra que permanecerá abierta hasta el 23 de abril, está llena de impresiones que nos sumergen con su movimiento en campos de energía y partículas, hipnotizan e incitan a la liberación espiritual. Delicadas representaciones conforman espacialidades como ventanas hacia un mundo de color y simbología. Fragmentos de un macro y micro-cosmos viajan desde las profundidades de lo celular, hasta la superficie de un mundo creado en base a la naturaleza. Una investigación sobre ciencia y sociedad se modela en forma de vegetales cargados de significado donde Steinkamp crea, como diría Juhani Pallasmaa, metáforas existenciales corporeizadas.

1) Alejandro Alonso Moro es historiador del arte y gestor cultural. Ha intervenido en proyectos culturales tanto en España como en México promocionando, principalmente en espacios independientes, arte emergente y artistas jóvenes en distintas disciplinas artísticas como foto, vídeo, escultura, instalación, artes gráficas…

Nadie puede enseñarte el camino hacia el infierno

Roberto Cárdenas. “Nadie puede enseñarte el camino hacia el infierno” (2017) Cine expandido.

Os traemos otro magnífico artículo escrito por Idoia Hormaza¹ para FAC.

Roberto Cárdenas. “Nadie puede enseñarte el camino hacia el infierno”

Roberto Cárdenas. “Nadie puede enseñarte el camino hacia el infierno” Foto cortesía de Roberto Cárdenas.

Cuestionamiento permanente sobre el cine, ¿qué más puede ser?; desdoblamiento de la imagen en dos pantallas enfrentadas: texto blanco sobre fondo negro, casi subtítulos, frente a imágenes con sonido ambiente; la proyección y el del monitor enorme, caja negra, tiene un desfase temporal de treinta segundos escasos, lo que genera nuevas correspondencias en cada visionado en loop: un diálogo que se renueva en la casualidad y en la acción del espectador, quien dispuesto entre ambos decide cuando girar la cabeza hacia una u otra, creando su propio montaje de significantes y significados, su propia historia… El cine se desdobla obligando al movimiento, forzado a un carácter temporal, el escultórico. Roberto Cárdenas piensa que “Un cineasta diría que esto no es cine”.

Un único trazo en el mapa casi abstracto, consistente en una única línea blanca dibujada a mano alzada: el viaje de Madrid a Galicia, ida y vuelta. Miedo, violencia, cine, incógnitas, lugares de set cinematográfico con sus “x” como un mapa del tesoro para hallar lo que subyace, el continuo juego del escondite. Parque, mar, calle, estación de camioneros… episodios interrumpidos en bruscos fundidos en negro, a veces, en los puntos álgidos de los clamores ambientales.

Roberto Cárdenas conoce a un curioso personaje, un homeless búlgaro que, contra todo pronóstico, vive en un cine. “El cine es lo único que me mantiene tranquilo”, ¿es el autor o el búlgaro quien habla? La obra está llena de ambigüedades y escapa a la dualidad en una construcción de múltiples. Espera toda la semana, le cuenta, para poder ver la película de los sábados. Incluso llega a participar en la proyección de las películas. Cuida mucho su indumentaria, la higiene, no denota no tener casa ni trabajo.

Roberto Cárdenas. “Nadie puede enseñarte el camino hacia el infierno”

Roberto Cárdenas. “Nadie puede enseñarte el camino hacia el infierno” Foto cortesía de Roberto Cárdenas..

¿Nombre? Jorge. Sin apellidos. Tachados. El rastro de la mano en lo digital otra vez, añadiendo, quitando. La historia se construye tras varias conversaciones, en las que aparentemente cada uno ostenta un rol bien diferenciado. El rostro dibujado y bajo él las características físicas del retratado robot. El artista que se graba reflejado sobre pantallas con películas que suceden como “El padrino”… La violencia implícita donde una sonrisa en primer plano no tiene nada de inocente, la boca entreabierta es la grieta para asomarse a un mundo enfermo para el que “Tenemos que construir muchas certezas para creer en él”.

De un lado, el texto ocupando toda la pantalla, de procedencias varias y todas vinculadas con esta historia en principio sencilla, lo visible y lo invisible en los enunciados e interrogantes.
Algunas frases son reconstruidas en el recuerdo del artista sobre lo que más le ha llamado la atención de las enseñanzas de este nómada. “No puedes confiar en nadie. entiéndelo de una vez”.
Algunas frases provienen de pensadores como Sartre “El infierno está en los demás” a la que le sigue otra, ¿de Jorge o del propio artista? “No, el infierno somos nosotros”. Algunas frases fueron captadas en películas, no casualmente de extrema crueldad como El padrino “Una vez le quemé la mano a un cabrón con un cigarrillo. La temperatura era de 200º” y se sigue tranquila de otra, emitida por el vídeo artista Harun Farocki “200º es la temperatura a la que arde la película”.

Roberto estableció un diálogo de tú a tú, de tú a yo, de yo a tú con otra persona, quiso testar el grado de temperatura moral.

-¿Golpearías a alguien? -Sí.

– ¿Robarías? – Sí.

– ¿Matarías? – Sí.

– ¿Violarías? – Sí.
– ¿Violarías a una niña de cinco años? Captura de pantalla 2017-10-30 a las 7.19.15

Una de las pocas censuras evidente. Hay muchos más secretos en este trabajo que se adentran en lo autobiográfico a través del otro. Las referencias a la luz. “La luz oculta”, “La luz oscurece”… muestran pero también encubren y cuando ciertos misterios de las imágenes son desvelados son tan iluminadoras que ciegan. En tanto que iluminan las paredes en un eco, propósito con el que Roberto Cárdenas ya ha experimentado antes, reverberaciones de lo narrativo que se vuelve ilegible en el color luz disipado. “Nadie puede enseñarte el camino al infierno”.

Todos estos pensamientos de formato corto y alcance largo: reflexiones, preguntas, estarían vacíos de no ser por su correspondencia, hasta cierto punto aleatoria, con las imágenes. Todas ellas muestran la belleza de lo común, podrían ser el diario visual de cualquiera. El arrebato inesperado que encierra algo muy estético pero contrario al concepto clásico de belleza. La porquería caminando con la vida.

Roberto Cárdenas busca, buscando, caminando, lo más hórrido del mundo, lamiéndose las heridas ajenas, encuentra a su alter ego en Madrid: el inmigrante ilegal que habita el cine y que, un buen día, sin previo aviso, desaparece.

 

(1) Idoia Hormaza es historiadora y experta en videoarte, ha trabajado en la Fundación de La Bienal de Venecia.

El arte reproductible. Vídeo arte. Algunas ideas sobre su colección y conservación.

El arte reproductible. Vídeo arte. Algunas ideas sobre su colección y conservación

Os traemos este magnífico artículo escrito por Idoia Hormaza¹ para FAC.

Obra Daniel Silvo

Imagen: Artista, Daniel Silvo. “Bruce Nauman” de la serie “Copy”. Huecograbado y acrílico sobre aislante. 100 x 200 cm. 2017. Galería Isabel Hurley ²

 

Los parámetros del arte reproductible rompen con los cánones tradicionales de la colección, la preservación y la exposición de trabajos artísticos. Los protocolos están en un continuo cambio y desarrollo, a merced de los avances tecnológicos y de la investigación sobre estas materias, por lo que se revisan y renegocian constantemente.

Muchas de las más importantes obras del siglo XX y XXI son tecnológicas. Los distintos protocolos de actuación son muchas veces simultáneos. Evidentemente el arte serial se acompaña de cuestiones complejas, muchas en devenir.

Probablemente tres de las particularidades del vídeo arte que más complican su adquisición, mantenimiento y exposición son: su inmaterialidad -sólo se puede disfrutar de la obra mientras es reproducida, el resto del tiempo el único objeto del que se dispondrá será una bobina, una cinta de vídeo, un disco digital-, su condición serial y su carácter efímero.

En cuanto a la inmaterialidad, ésa es precisamente la condición que lo hace diferente, la inclusión del factor tiempo, la duración temporal de la obra. Bill Viola lo resumía de la siguiente manera: «La esencia del medio es el tiempo». Aunque cuando tiene un carácter escultórico adquiere formas materiales como ocurre con las vídeo esculturas o las instalaciones.

En cuanto a la serialidad, si bien Walter Benjamin argumentaba que el objeto único poseía un aura que no se conservaba en la copia, Duchamp, quien se sirvió de la película como medio, opinaba que el aura de las obras de arte decaía tras una década de su creación, y que por tanto, la reproducción las reforzaba.

En cuanto a la tercera y última, su carácter efímero, es algo que atañe a muchas otras disciplinas artísticas contemporáneas, sirvan como ejemplo los dibujos de Sol Le Witt, los neones de Dan Flavin o el lenguaje conceptual de Lawrence Weiner. La misma vida humana es efímera.

Aún más, ningún arte es eterno. La restauración y la conservación preventivas son métodos para conservar de la manera más fiel y por el mayor tiempo posible la producción del patrimonio. La diferencia esencial de lo tecnológico se halla principalmente en su dependencia de los aparatos de reproducción, ligados al mercado. Esta dependencia parece que podrá ser resuelta con la migración, lo que no supone ninguna novedad en la historia de la humanidad.

A fin de cuentas lo que subyace a estas potentes inversiones de recursos para preservar el arte, no es sino un intento de preservar la memoria: el ser colectivo. El ser humano es un animal social y el arte como decía Ernst Fischer «Es evidente que el hombre quiere ser algo más que él mismo. Quiere ser un hombre total. No le satisface ser un individuo separado; parte del carácter fragmentario de su vida individual para elevarse a una plenitud que siente y exige, hacia una plenitud de vida que no puede conocer por las limitaciones de su individualidad». El arte suple la necesidad de ser todos.

El criterio y los mecanismos que rigen la creación de los nuevos ingenios electrónicos se corresponden con la necesidad humana de mejorar, de ampliar la contención del producto de esa curiosidad irrefrenable y siempre en movimiento que da como resultado el conocimiento.

Desde los albores de la humanidad ese proceso se ha acelerado, desde la piedra egipcia, concebida para durar eternamente, hasta la obra contemporánea cuya esencia reside muchas veces en el concepto más que en el material. En el caso concreto del vídeo, la tendencia aparente en la creación, es la de la desaparición de los formatos estudiados como contenedores de información frente a obras de vídeo arte, contenidas, en códigos binarios de información digital almacenadas en un ordenador (aunque éste siga siendo un soporte). Este hecho, incide en la forma de distribuir e incluso de vender el vídeo arte, ya que en ocasiones, las galerías venden, no un soporte físico sino un enlace a una página web en Internet a la que se accede con una contraseña. Nos estamos convirtiendo en idea, en información. Nos estamos refinando y al poder crear nuestros propios materiales, ya no tenemos que buscarlos directamente en la naturaleza; su duración se repite y remite a la transmisión oral en el sentido de que la responsabilidad de que el legado perdure corresponde a las generaciones futuras, podemos educarlas pero no decidir por ellas.

Es probable que la inmaterialidad, en un recorrido lógico que prevé, con sus limitaciones el futuro (por ejemplo Julio Verne preveía en 1889 ciudades de diez millones de habitantes pero sólo para el año 2889), siga su camino imparable. Es probable que todo tienda a acercarse cada vez más a lo líquido. Lo real está siendo sustituido por la simulación.

No creo que la esencia de la obra artística resida tanto en su materialidad como en, siendo un sistema de comunicación, lo que podemos aprender de y con ella. Si la idea del original es tan importante, ¿cómo es posible que tantos falsificadores hayan engañado el ojo y el intelecto de los más avezados expertos? ¿Qué diferencia en realidad al original de la copia? Tras cada obra, hay una persona; es su legado mental y visual el que importa. Mientras las imágenes subsistan, mientras subsista la experiencia, las obras estarán vivas. Así se entiende en el arte oriental, en el que se copian las obras y se reconstruyen las arquitecturas.

Según Zygmunt Bauman, son estos unos tiempos líquidos. Se diría que es una definición del tiempo que nos ha tocado vivir, por lo que las obras de arte basadas en el movimiento son paradigmáticas. Parafraseando a Bill Viola: «En un mundo en el que las condiciones están cambiando constantemente, donde los nuevos sistemas sustituyen los viejos (la pesadilla del consumidor), la clave para sobrevivir parece residir en un continuo ciclo de reproducción- copiar como vía para la preservación». Haría extensibles estas ideas a la vida misma, éste es nuestro tiempo y está en esa evolución de formas pero no de contenidos. Tan lejos y tan cerca de nuestros más lejanos ancestros.

El ser humano nunca está satisfecho, tiene que convertirse en la idea de un demiurgo. Si el arte de la escultura persiguió siempre el movimiento y el de la pintura parecer realidad, todo apunta a que ahora buscamos crear vida (el viejo sueño de Pigmalión) con la robótica y la inteligencia artificial, extenderlo todo en busca de la inmortalidad, en busca de la extensión de los sentidos para ocuparlo todo. Ésta será la obra última y el objetivo último de la creación artística: la vida artificial o clonada con todas las implicaciones morales que incluye. El vídeo fue la extensión de la visión, ver a través de los ojos de otros. Al final nuestra propia memoria podrá ser transferida a un formato. Saberlo todo. Es decir, ser eternos, omnipotentes, omnipresentes y omniscientes. Trascender todas las barreras y límites. Creo que ésa es la meta última del deseo humano con la tecnología.

El conocimiento está siendo transportado a un código inmaterial: el de la nube.

Paradójicamente, puede recordarnos a los inicios de la transmisión del conocimiento de otro tipo de arte, como son los poemas homéricos, que eran de tradición y transmisión oral y nunca se temió su pérdida, sino que prevalecían de generación en generación hasta que fueron escritos.

La memoria se preserva gracias al lenguaje hablado, más tarde gracias a la palabra escrita y actualmente en formatos tecnológicos, memorias extendidas. Primero la memoria duraba el tiempo de una vida y cuando ésta tocaba a su fin, «migraba» a otra vida porque el formato original, una persona o varias, también eran efímeros.

Los primeros libros se hacían con materiales más duraderos pero con la llegada de la modernidad y la prensa, esos nuevos soportes no estaban pensados para durar (la pulpa de papel es de mala calidad, se acelera su fungibilidad frente al, por ejemplo, pergamino medieval). La duración de la información ha encontrado siempre la manera de sobrevivir y es indudable que hemos perdido mucho conocimiento a lo largo de la Historia. Este riesgo nos ha acompañado siempre. No deja de ser irónico que tras tantos avances no estemos tan lejos de esa transmisión oral. Una vida tiene una duración similar a la de una cinta de vídeo y, las distintas generaciones tanta como la que se le quiera dar a un formato electrónico con la migración. ¿Qué nos asusta tanto entonces?, ¿no poder retenerlo TODO?

(1) Idoia Hormaza es historiadora y experta en videoarte, ha trabajado en la Fundación de La Bienal de Venecia.
(2) https://danielsilvo.com/2017/04/28/conservar-y-divulgar/